En el inicio existió la nada, un vacío que se extendía sin límites, que era dueño del todo. De pronto, en medio de ese vacío surgió la semilla que dio luz a nuestro universo, que permitió la vida y nos hizo conscientes.
Durante siglos, los seres humanos hemos habitado este mundo creando, sembrando, aprendiendo, observándolo, queriendo desentrañar sus secretos más profundos y persiguiendo con ansias su sabiduría. Muchas han sido las rutas, muchas las decisiones que se han debido tomar para escoger el camino, uno de estos senderos está escrito con runas.
Las runas son símbolos antiguos que viajaron junto a los vikingos en sus naves, tallaron en las rocas para señalar el camino a los viajeros, dibujaron en sus armas para vencer en las batallas, susurraron al viento para invocar fuerzas poderosas, las entregaron a sus hijos para protegerlos en sus cunas y las colgaron del cuello de sus amadas para ofrendarlas. Vieron en las runas el futuro de sus pueblos, entendieron sus heridas, comprendieron su mensaje y enfrentaron su destino.
Estos símbolos compartieron el mismo complicado y perseguido sendero que tuvieron que padecer los oráculos en tiempos más oscuros, sus lectores y aprendices los protegieron de los embates contra la intolerancia, el miedo y la ignorancia, pero los tiempos han cambiado y el conocimiento que parecía olvidado a regresado, vuelve en la época en que necesitamos nuevamente de su sabiduría.

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